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Marzo 3, 2025En el corazón del desierto más árido del mundo, una revolución silenciosa está cambiando la forma en que las ciudades enfrentan la escasez de agua. Antofagasta y Mejillones se convirtieron oficialmente en las primeras urbes de Chile y Latinoamérica —con más de 500 mil habitantes— en abastecerse exclusivamente con agua desalada del océano, marcando un precedente clave en la adaptación climática de zonas extremas.
Del mar al grifo: tecnología contra la sequía
La ampliación de la Planta Desaladora Norte, ubicada en el sector La Chimba, incrementó su capacidad a 1.436 litros por segundo, suficiente para cubrir la demanda total de ambas ciudades. Este proyecto, operado por Aguas Antofagasta, representa un salto tecnológico y ambiental para una región donde las fuentes tradicionales de agua dulce son casi inexistentes debido a la megasequía que afecta al norte del país.
“La desalación no es solo una alternativa, sino una necesidad en territorios donde el cambio climático ha reducido drásticamente las lluvias y los acuíferos”, explicó un especialista en recursos hídricos. “El mar se convierte en la única fuente sostenible para garantizar el consumo humano”.
Un modelo replicable para zonas áridas
Antofagasta lleva dos décadas innovando en esta tecnología: en 2003, la misma planta cubría solo el 15% de la demanda, pero hoy es un ejemplo de autosuficiencia hídrica. El avance no solo asegura agua potable de calidad, sino que reduce la presión sobre los escasos recursos continentales, protegiendo ecosistemas vulnerables del desierto.
Sin embargo, el proceso no está exento de desafíos ambientales. La desalación requiere gran consumo energético y genera salmuera, un residuo que debe manejarse cuidadosamente para no afectar la vida marina. “La clave está en combinar esta tecnología con energías renovables y sistemas de vertido responsables”, señaló un experto en sostenibilidad.
El futuro: economía circular del agua
Más allá de la desalación, la región explora soluciones innovadoras como la reutilización de aguas servidas tratadas, un paso hacia una gestión circular del recurso. “El norte de Chile está escribiendo un manual de supervivencia hídrica para el mundo”, destacó un representante del sector sanitario. “Lo siguiente es optimizar el uso industrial y domiciliario, porque cada gota cuenta”.
Este hito no solo consolida a Antofagasta como laboratorio de adaptación climática, sino que ofrece un modelo para otras ciudades costeras en crisis hídrica. En un planeta donde la escasez de agua afecta a millones, el océano podría ser la respuesta… si se aprovecha con responsabilidad.
Este reportaje aborda un avance clave en la lucha contra la sequía en Chile, destacando soluciones tecnológicas y sus implicancias ambientales, sin centrarse en actores políticos.
Fuente: induambiente.com